Disciplina o Autodisciplina… Esa es la cuestión.

Nosotr@s como adultos som@s los encargad@s de enseñar a nuestr@s hij@s a comportarse…pero muchas veces caemos en errores evitables que dificultan nuestro trabajo. Aquí vamos a intentar dejar claras unas nociones básicas que nos pueden ser útiles para esta tarea.

Para empezar es importante distinguir entre disciplina y autodisciplina. Según el Diccionario de la Real Academia, al disciplinar estamos imponiendo o haciendo cumplir nuestras normas. La disciplina, por tanto, tendrá efecto mientras estemos presentes para hacer que se cumpla.

Cuando se trata de la educación de nuestr@s hij@s, a lo que realmente aspiramos es a que adquieran autodisciplina. Es decir, que interioricen las normas de forma que les sirvan de guía para saber qué es lo que pueden o no hacer aún cuando no estemos presentes. Pero el cambio de nuestro papel desde que nos hacemos cargo de un bebé y tenemos que decidir por él/ella, hasta ir dejando que el/la niñ@ vaya ganando autocontrol y aprenda a cuidar de sí mism@, requiere que vayamos retirando nuestro control presencial directo de manera sutil, lo que no siempre nos resulta tan fácil.

Hay algunas claves que ayudarán a que el/la niñ@ interiorice y haga suy@s los principios que queremos transmitirles:

  • Es imprescindible servir de modelo. Si hay una disonancia entre lo que les decimos y lo que hacemos, sin ninguna duda, l@s niñ@s siempre imitarán nuestro comportamiento, digamos lo que digamos.
  • A los niñ@s les resulta más fácil recordar instrucciones positivas que negativas. Es mejor decir “Así” que “Así no”.
  • No hay que olvidar las recompensas cuando el comportamiento es bueno.  La atención por nuestra parte actúa como recompensa tanto si es positiva como si estamos enfadados, así que es muy probable que prefieran que les hagamos caso aunque sea para echarles la bronca, que ser ignorad@s cuando se portan bien. Hay que tener mucho cuidado para no caer en la trampa de “recompensar” (prestando atención) por portarse mal y “castigar” (no prestando atención) por portarse bien.
  • Hay que explicar siempre el porqué de nuestras normas o indicaciones. Una orden del tipo “porque sí”, no les está enseñando nada y hará difícil que la interioricen. Hay que procurar dar explicaciones claras que puedan entender con facilidad.
  • Confiar en las buenas intenciones de nuestr@s hij@s es fundamental. Hay que procurar traspasarles toda la responsabilidad posible dentro de los límites que imponga su etapa de desarrollo.
  • Y por último, admitir los propios errores es un ejemplo muy valioso. Siempre que nos equivoquemos o hayamos sido injustos, admitir nuestro error y una disculpa les mostrarán cuál es la forma correcta de comportarse.

Mariana Duffill Gavito

 

Bibliografía: Penelope Leach, Bebé y niño. Grijalbo (2000)

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Marta Gavito del Campo Psicóloga Clínica
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