La ansiedad de separación

ansiedad de separación

Ansiedad de separación en niños

Desde el nacimiento hasta los primeros años de vida los bebés dependen totalmente de sus cuidadores principales que son las personas que se encargarán de cubrir sus necesidades básicas de cuidado y afecto. En relación con esas figuras de apego van desarrollándose y conociendo el mundo que les rodea. Esta relación de dependencia es de vital importancia ya que se necesita al otro para poder sobrevivir. Por ese motivo, cuando la figura de apego desaparece del campo perceptivo del bebé, este lo percibe como una señal de peligro, se siente desamparado y se angustia, poniendo en marcha conductas de apego (llorar, buscar proximidad con el cuidador, aferrarse)  para recuperar el sentimiento de seguridad.

La ansiedad de separación es común desde los 6-8 meses hasta los 3-4 años. Es considerado como un indicador de progreso cognitivo y de la constitución del vínculo de apego. En general, ya a los 3-4 años de edad el infante se siente seguro aunque la figura de apego no esté presente,  ha logrado entender que aunque esta persona se marche un rato volverá para cuidarle. Es importante recalcar que aunque es un fenómeno habitual en la infancia, no todos los niños la presentan. Si la ansiedad de separación se prolonga más allá de los 4 ó 5 años, sería importante  consultar con un especialista  para poder detectar las causas que la producen  y así poder ayudar al niño a sentirse más seguro y tranquilo.

“Sólo se consigue la autonomía a través de la consolidación de un sólido vínculo afectivo y de un largo periodo de dependencia “ Lyons-Ruth (1991).

En este periodo la función principal de los padres o cuidadores principales, además de cubrir las necesidades primarias de cuidado, es acompañar al niño en su desarrollo, estar disponibles, ser sensibles a sus necesidades de manera de poder darles una respuesta adecuada, transmitirles que los amamos, esto afianzará su sentimiento de seguridad.

Hay que tener en cuenta que las separaciones tienen efectos importantes en los niños pequeños. Por este motivo, en la medida de lo posible, debemos preparar al infante para esta situación, es importante explicarle con claridad que nos vamos a ausentar un rato pero que luego volveremos. Es aconsejable que los periodos en los que estemos ausentes vayan de menos a más duración para que el niño  pueda ir acostumbrándose poco a poco y pueda darse cuenta de que aunque nos marchemos un rato vamos a regresar.

Las separaciones suceden diariamente cuando los papás se van a trabajar, cuando van a hacer recados, cuando el niño va a la escuela, etc. Un momento importante del día cuando esto ocurre es la hora de irse a dormir. Ante esta situación de pérdida de proximidad con la figura de apego los niños pueden asustarse y angustiarse, resultándoles muy difícil conciliar el sueño y demandando la cercanía del adulto para poder dormirse. Además ante esta situación angustiosa es bastante común que surja el miedo a la oscuridad, el niño asocia la oscuridad con la pérdida de la figura de apego y de este modo su sentimiento de desamparo aumenta.

 

Muchos niños utilizan un “objeto transicional, que suele ser  una mantita, un peluche, etc. Este objeto se caracteriza por tener una textura y un olor familiar para el niño que le hace sentirse seguro, ya  que le permite evocar los momentos de seguridad y tranquilidad que tiene cuando está al lado de su figura de apego. Este objeto se convertirá en un sustituto temporal de la figura de apego cuando esta no esté presente, acompañando al niño en estos momentos difíciles. Así el niño junto a este objeto se sentirá más tranquilo y la angustia provocada por la pérdida de proximidad con sus cuidadores desaparecerá. De este modo el niño irá aprendiendo a regularse.  El objeto transicional es el paso intermedio, la transición entre la función de regulación ejercida directamente por el cuidador y  la autorregulación.   Es importante tener en cuenta que si este objeto es lavado puede perder su olor y por tanto sus propiedades. Llegará un día en el que el niño  dejará de necesitar el objeto transicional, irá olvidándose poco a poco de él ya que no cumplirá ninguna función. Es muy importante no forzar este momento, debe darse un proceso natural. El niño lo dejará de necesitar cuando esté preparado y esto ocurrirá cuando su desarrollo se lo permita, cada niño tiene su propio ritmo de desarrollo y  es muy importante respetarlo.

 

Juana Duffill Gavito

 

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Marta Gavito del Campo Psicóloga Clínica
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