La ansiedad en la infancia

La ansiedad en la infancia:

A menudo, cuando estamos estresados, preocupados, nerviosos, etc., decimos que nos gustaría volver a ser niños y así no tener preocupaciones, ni responsabilidades. Idealizamos la infancia como si esta etapa fuera maravillosa y en ella no existiera ni la preocupación, ni el nerviosismo.

Tendemos a olvidar los aspectos negativos de nuestra infancia. Pero la infancia, al igual que todas las etapas de la vida, tiene cosas maravillosas pero también presenta dificultades.  No existen condiciones de desarrollo ideales, siempre van a existir factores que produzcan  dificultades en  el desarrollo del niño. Desde que estamos en el vientre materno estamos expuestos a estímulos  que nos  pueden generar malestar, frustración, etc. Estas sensaciones si no son adecuadamente reguladas con la ayuda de los padres o cuidadores principales pueden dar lugar a  estados de ansiedad  a edades muy tempranas. No hay que olvidar que los niños son muy sensibles a los estímulos de su ambiente y que perciben  muchas más cosas de las que pasan a su alrededor de las que creemos los adultos.

Al igual que los adultos tenemos estados de ansiedad, los niños desde edades tempranas también los pueden padecer. Sus formas de expresar la ansiedad que sienten son diferentes a las de los adultos. Estos estados de ansiedad en los niños son frecuentemente confundidos con otros síntomas y de este modo pasan desapercibidos o se les atribuye significados equívocos.

Cuando nuestros sentidos perciben una amenaza, nuestro cuerpo responde alertando al cerebro. La amígdala desencadena una serie de modificaciones en las hormonas y sustancias químicas cerebrales que dan lugar a una serie de cambios  que constituyen el correlato físico de la ansiedad. Uno de los cambios importantes que tiene lugar es el aumento de una sustancia llamada cortisol, una cantidad excesiva de cortisol dificulta la organización del recuerdo de un trauma o de una experiencia estresante.

¿Qué situaciones generan ansiedad en la infancia?

  • Estados de ansiedad  aguda en la madre gestante: el  aumento de adrenalina y cortisol en la sangre de la madre llega al bebé atravesando la placenta.
  • No tener las necesidades básicas cubiertas por los cuidadores, lo que genera sentimientos de indefensión e impotencia en los niños.
  • Separaciones de los cuidadores o ausencia de la figura de apego, lo que da lugar a sentimientos de desprotección y peligro.
  • Gestos o actitudes amenazantes por parte de otras personas, lo que genera miedo, preocupación y temor a ser atacado o castigado.
  • Actitudes por parte de otras personas adultas o profesores que generen vergüenza social o sentimiento de inferioridad.
  • Falta de atención o retracción de la atención por parte de los cuidadores principales.

¿Cómo expresan los niños la ansiedad?

  • Espasmos de sollozos (contracción de la laringe por ansiedad).
  • Trastornos del sueño: insomnio, terrores nocturnos, pesadillas.
  • Problemas en la alimentación: pérdida de apetito, ingesta compulsiva de alimentos, anorexia, bulimia, obesidad.
  • Trastorno por ansiedad de separación (ansiedad excesiva ante la separación de la/s figuras de apego).
  • Impulsividad, inquietud, agresividad.
  • Tics, tos nerviosa, mareos, nauseas, vómitos, diarrea, urticarias.
  • Hiperquinésis (extrema hiperactividad, sus características principales son la distractibilidad, la impulsividad y problemas de atención).
  • Torpeza o atolondramiento motriz.
  • Enuresis.
  • Dolores de crecimiento.
  • Retención o incontinencia fecal.
  • Pataletas y berrinches.
  • Balanceo, retorcimiento de dedos, Tricotilomanía (comportamiento recurrente de arrancarse el pelo), mordisqueo de la ropa o labios, retorcimiento de dedos.

La ansiedad es una estado desagradable para las personas, por tanto, se trata de evitar por cualquier medio. La forma más común  que tienen los infantes de escaparse de las situaciones que les provocan ansiedad es buscar la cercanía del adulto. Comportamientos de apego excesivos pasados los 3-4 años, más o menos, son un fuerte indicador de ansiedad. Cuando está demanda de cercanía no es cubierta por el adulto, la angustia va en aumento dando lugar a síntomas más graves.

Como ya dijimos en el post  “La respuesta de estrés en los bebés” los niños varían en su temperamento, por lo que habrá niños con temperamentos más tendientes a la ansiedad que otros. Algunos bebés nacerán con mayor capacidad para calmarse y ser calmados por los adultos cuando están ansiosos. También habrá niños que manifiesten más claramente los signos de ansiedad, mientras que otros a pesar de estar ansiosos no los manifiestan externamente.

Los niños experimentan diferentes sensaciones, no saben ni entienden lo que les ocurre. Necesitan la ayuda del adulto para darse cuenta de que lo que les pasa es que están ansiosos y para aprender a auto-regularse. Es importante que los padres o cuidadores principales aprendan a detectar y recocer estos estados ansiosos desde edades tempranas, para así poder regular y contener adecuadamente al niño. La desregulación emocional de los infantes puede tener consecuencias de por vida, por lo que cuando los adultos tienen dificultades  a la hora de regular la ansiedad del niño o detectan alguna manifestación de ansiedad, es importante que acudan a un profesional. Tratar la ansiedad de los niños a edades tempranas evitará patologías más graves al crecer.

Cuando un niño está ansioso, sus facultades mentales (percepción, pensamiento y memoria) se ven comprometidas, ya que el organismo pone toda su energía en disminuir los niveles de ansiedad. Estos episodios comúnmente cursan con falta de concentración, distracción, olvido, etc., dando lugar a problemas de aprendizaje y por tanto a una disminución del rendimiento escolar. Por este motivo una gran cantidad de niños con trastornos de ansiedad son diagnosticados erróneamente como Trastornos de atención con o sin hiperactividad. Y por tanto, medicados con fármacos con graves efectos secundarios en lugar de tratar las causas que generan la ansiedad.

Juana Duffill Gavito

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Marta Gavito del Campo Psicóloga Clínica
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