La respuesta de estrés en los bebés

La respuesta de estrés suele activarse, cuando una experiencia constituye un desafío demasiado grande y amenaza con desbordar los mecanismos normales que tenemos para mantener nuestra  homeostasis.  Consiste en una descarga particular de reacciones químicas que  desencadena el hipotálamo. Uno de sus productos finales de este proceso es una hormona de estrés llamada cortisol que juega un rol muy importante en nuestras vidas emocionales. El cortisol se ha usado mucho en estudios científicos porque sus niveles son muy fáciles de medir con muestras de saliva.

En el día a día, nuestras sustancias bioquímicas fluctúan sin que nos demos cuenta. Oleadas de hormonas vienen y van dirigidas por el hipotálamo, que está ubicado en el área  límbica del cerebro. Estas hormonas se  adaptan y responden a lo que sucede dentro y fuera de nuestro cuerpo, cambian nuestro comportamiento con la intención de ayudar a nuestro organismo a mantener el equilibrio.

La serotonina nos ayuda a estar relajados, la norepinefrina a estar alerta, el cortisol generalmente aumenta por la mañana para ayudarnos a tener energía durante el día y disminuye al caer la tarde. Estas fluctuaciones de hormonas son importantes para nuestros estados anímicos, son una especie de alfabeto emocional inconsciente y actúan combinándose unas con otras de diferentes formas, como si formaran diferentes frases. Todos los sistemas del cuerpo están conectados con esta información que brindan estas sustancias bioquímicas que son los neuropéptidos.

El  hipotálamo, encargado de mantener los ritmos regulatorios diarios, tiene un rol clave a su vez  en el en manejo de las experiencias estresantes que desbordan el sistema y perjudican su actividad regulatoria. Puede ser activado por mensajes neuroquímicos de la amígdala, cuando esta reacciona a situaciones sociales que generan incertidumbre o miedo, enviando estos mensajes químicos en varias direcciones.

En respuesta a estos mensajes, el hipotálamo  desencadena la respuesta de estrés, activándose el eje hipotalámico-pituitario-adrenal. El resultado final es que las glándulas adrenales generan cortisol extra con el propósito de generar energía que permita concentrarnos en lo que está produciendo el estrés,  e inhibir el funcionamiento  del resto de los sistemas del cuerpo. Cuando la situación que ha generado la respuesta de estrés termina, el cortisol segregado es absorbido por los receptores que existen para tal efecto y el cuerpo vuelve a la normalidad. 

¿Puede un bebé estresarse cuando  se encuentra en el útero antes de nacer?

En esta etapa del crecimiento, las partes del cerebro responsables de responder al estrés son  más vulnerables. La respuesta al estrés ya se está formando en el bebé no nacido y puede verse afectada por los estados de la mamá. En especial por los por los niveles altos de cortisol de ésta. El cortisol puede atravesar la placenta y llegar a su cerebro, pudiendo, si esto ocurre de forma  sostenida, afectar su hipotálamo y su hipocampo. Los bebés expuestos a este tipo de experiencias en el útero suelen parecer  “bebés difíciles” desde el comienzo.

Un ejemplo de esto lo podemos encontrar en el estudio de Michael Lieberman, que demostró que el feto se agita dentro del útero cada vez que una embarazada fumadora piensa en encender un cigarrillo. El tabaco disminuye la provisión de oxígeno del bebé, y esta desagradable experiencia, deja al feto en un estado de incertidumbre y miedo, ya que no sabe cuándo se va a repetir la desagradable experiencia. El nivel de cortisol de los bebés no nacidos también aumenta cuando las  madres beben mucho alcohol estando embarazadas.

 ¿Puede la experiencia de parto aumentar los niveles de cortisol del bebé?

El nacimiento mismo puede resultar traumático para un bebé. Un parto difícil en el que se tengan que utilizar fórceps puede aumentar los niveles de cortisol, lo que no ocurriría en un parto normal o con una cesárea.

 ¿El temperamento tiene algo que ver con la respuesta al estrés?

También hay bebés que nacen con temperamentos más sensibles por razones genéticas. Con respecto al temperamento, existen dos  amplias categorías: Los bebés que son menos reactivos y los bebés más reactivos. Estos últimos lloran más y  tienden  a ser más tímidos y asustadizos porque se sienten fácilmente desbordados por los estímulos.

Ya sea que un bebé sea más reactivo, por razones de temperamento o por las experiencias que ha tenido antes de nacer, los bebés más reactivos se estresan con facilidad y necesitan  más cuidados por parte de los padres para mantenerlos libres de estrés. Necesitan que se los tranquilice y se los calme más, teniéndolos en brazos y dándoles de comer con más frecuencia para poder conseguir que tengan un nivel de respuesta y reacción normal. Ya que este tipo de bebés es más difícil de cuidar que un bebé más fácil, muchos de estos niñ@s pueden terminar de mayores con  sistemas de estrés   muy reactivos, niveles  altos de cortisol de base y riesgo de inseguridad emocional.

¿Qué es más importante en la respuesta al estrés?¿lo genético o lo ambiental?

En un experimento realizado por Francis y col. (1997), se utilizó un tipo de ratas más predispuesta genéticamente a ser asustadiza que otros tipos de ratas. Las crías de estas ratas que permanecieron con su madres biológicas, resultaron también asustadizas y fácilmente estresables. Por el contrario, cuando se colocaban con madres adoptivas de otro tipo de ratas que no eran asustadizas, crecían sin miedo.

Si tomamos el caso de los bebés de temperamento más reactivo, sucede algo semejante. En general los bebés llorones terminan siendo adultos neuróticos. Las investigaciones demuestran que terminan desarrollando un apego inseguro con sus madres. La investigadora holandesa Dymphna Van den Boom quiso averiguar si las madres podían aprender a cuidar a sus bebés de una forma que permitiera calmarles reduciendo su respuesta al estrés. Para esto, diseñó un periodo de formación corto y un programa de apoyo para madres de bebés muy reactivos, donde les enseñaba a interactuar mejor con ellos. Con esta ayuda, la mayoría de estos bebés difíciles terminaron teniendo un apego seguro.

Esto demuestra que el temperamento no determina los resultados. La seguridad emocional depende mucho más del tipo de cuidado que reciben los bebés y de si l@s padres/madres pueden o no ser capaces de satisfacer las necesidades de est@s niños más reactiv@s.  Es decir, que los resultados dependen de la calidad de la relación y no del temperamento individual.

 ¿Cómo es el estrés en los bebés?

 Para los bebés, el estrés está relacionado mucho más con la supervivencia física. Los recursos de los bebés son tan limitados, que son incapaces de mantenerse a sí mismos con vida.  Por eso, resulta estresante para ellos que la madre no esté cuando la necesitan o que no responda de forma rápida dándoles de mamar, dándoles calor o brindándoles la sensación de seguridad que necesitan. Si sus necesidades no son satisfechas por otras personas, el bebé puede percatarse más de sus sensaciones de impotencia e indefensión. El estrés para los bebés puede incluso llegar al nivel de trauma, ya que sin la ayuda de sus cuidadores  podría efectivamente morir.

En bebés recién nacidos, la respuesta de estrés puede generarse cuando hay riesgo físico como puede suceder en un parto con fórceps o en la circuncisión.

Probablemente la experiencia más estresante para un bebé es la separación de su madre o cuidador principal, ya que es la persona supuestamente encargada de mantenerlo con vida.  Las separaciones tempranas aumentan el  factor de liberación cortico tropino en la amígdala. Esta es  la expresión bioquímica del miedo, lo que demuestra que aún las separaciones cortas de la fuente de alimento y protección resultan muy atemorizantes para los pequeños mamíferos que están siendo amamantados, incluso para los bebés humanos.

Existen muchas evidencias de que las separaciones de las personas de las que dependemos causan un aumento de nuestros niveles de cortisol. Estudios en monos y ratas demuestran que existe una fuerte correlación entre la separación materna y altos niveles de cortisol. Cada vez que un monito es separado de su madre, su cortisol aumenta. Si esto ocurre frecuentemente, aunque sólo sea 5 horas por semana, su feedback de sensibilidad al cortisol aumenta, causando que el monito quiera mantenerse más próximo a la mamá, sea más demandante, se cuelgue más de ella, llore con facilidad y juegue menos. (Plotsky y Meaney 1993; Dettling y col. 2002). Los conflictos sociales y la amenaza por parte de los depredadores también aumentan los niveles de cortisol en los primates. Esto parece demostrar que el cortisol es una sustancia relacionada con la ansiedad de supervivencia, la ansiedad cuando se experimenta  falta de seguridad y la ansiedad cuando hay separación o algún tipo de riesgo en los vínculos con los cuidadores encargados de la protección.

La causa del estrés no es necesariamente importante, lo que realmente importa es   la presencia  y disponibilidad de una figura de apego mejor dotada que el bebé para la supervivencia que le ayude a manejarlo.  Por este motivo  el llanto del bebé  tiene una función de vital importancia, la de generar una respuesta de estrés a su vez en los cuidadores, evitando la falta de atención y asegurando una respuesta por parte de ellos que permita su supervivencia.

 Marta Gavito del Campo

Bibliografia: Sue Gerhardt (2004): Why love matters, how affection shapes a baby´s brain. Editorial Routledge

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Marta Gavito del Campo Psicóloga Clínica
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