La transformación de la escuela tradicional

Como ya comenzamos a hablar en el post “La necesidad de una escuela Pública de calidad”, la escuela tradicional no fomenta el desarrollo íntegro del individuo. Se centra en el desarrollo académico y relega a un segundo plano el desarrollo socioemocional. Los alumnos son meros receptores de contenidos que van memorizando y almacenando para finalmente con el paso del tiempo olvidar gran parte de ellos. La diversión, el disfrute, el juego y el arte, cumplen un papel secundario, aparecen cuando se ha cumplido con el aprendizaje, en lugar de ser vías para alcanzarlo. La creatividad, la reflexión y el pensamiento crítico apenas tienen cabida en este tipo de escuela.

Además, temas como la afectividad y sexualidad, la igualdad de género, las habilidades sociales, las relaciones entre los compañeros, la tolerancia, respeto, la cooperación, la solidaridad, el desarrollo de la autoestima, la tolerancia a la frustración, el enfrentamiento y resolución de conflictos, el enfrentamiento del estrés, los problemas sociales y familiares que tenga el alumnado y otros muchos más, son tratados en su mayoría como temas transversales y algunos ni siquiera son contemplados en el currículum escolar.

Convendría hacernos la siguiente pregunta ¿Para qué nos sirve estar tan formados académicamente si no somos felices, si no nos sentimos plenos ni buscamos realizarnos como  personas…si psicológicamente no estamos preparados para afrontar las dificultades que nos plantea la vida?

La falta de interés por el aprendizaje, la pérdida de respeto a los educadores, las conductas disruptivas en el aula, la falta de concentración en las tareas, las altas cifras de absentismo y fracaso escolar, junto a la abundancia de problemas sociales y psicológicos, ponen en evidencia el fracaso de la educación tradicional.

En la actualidad se ve claramente como nuestra sociedad, tal y como estaba planteada, se derrumba rápidamente, haciéndose evidente la necesidad de un cambio para salir adelante. Hay muchos aspectos de la sociedad occidental que están fracasando y la educación es nuestra mejor herramienta para cambiarla y mejorarla. Se impone la necesidad de transformar la escuela, de buscar nuevos métodos y procedimientos, nuevas metodologías y contenidos, más acordes con las necesidades e intereses del alumnado. Una escuela que nos permita desarrollarnos íntegramente, que nos motive a aprender, que nos tenga en cuenta como personas y por tanto, respete nuestros ritmos, necesidades e intereses, en la que seamos agentes activos de nuestro aprendizaje.

Un día mirando el Facebook me encontré por casualidad con un proyecto, llamado “La Educación prohibida”, que llamó totalmente mi atención. Miré su página web y quedé fascinada por el increíble trabajo que estaban realizando.

La educación prohibida”, es un proyecto surgido en Argentina y que posteriormente se ha ido expandiendo a otros países. Conscientes de los problemas de la sociedad occidental y de una necesidad de cambio, van en busca de un nuevo paradigma educativo, ya que consideran que la escuela es un importante agente de cambio social. Para ello se embarcan en la realización de un largometraje documental y argumental, investigando y difundiendo teorías, metodologías, filosofías y enfoques pedagógicos que ofrecen alternativas a la educación tradicional. Todas ellas centradas en la idea de que la educación consiste en el pleno desarrollo de las potencialidades humanas en todos aspectos de la vida y en la necesidad de  poseer un profundo conocimiento del ser humano para conseguir este objetivo.

Desde el equipo de Crecer sano y feliz les damos nuestra más sincera enhorabuena por su proyecto y os animamos a seguirlo y a conocerlo mejor. Esperamos con gran ilusión el estreno del largometraje.

Juana Duffill Gavito

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Marta Gavito del Campo Psicóloga Clínica
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