Prevenir los problemas de alimentación en niños

Prevenir los problemas de alimentación en niños

Hay muchas cosas que podemos hacer para que nuestro hijo tenga una buena  relación con la comida y prevenir la aparición de  problemas y trastornos de alimentación.

Desde la introducción de sólidos cuando es un bebé hasta los 2 años

Si tienes dudas acerca de si tu hijo está o no aumentando de peso  lo mejor es que primero  hagas una visita al pediatra para asegurarte de que tu hijo es saludable y no sufre deficiencias de nutrición para poder quedarte tranquila.

Confía en que el niño no sufrirá desnutrición:

Antes de nada es importante que consideres que tu trabajo consiste exclusivamente en ofrecer al niño una buena comida y no en forzarle a que se la coma. Hay estudios que demuestran que los niños de 1 año a quienes se les ofrecía un amplio abanico de comidas 3 veces al día, seleccionaban por sí mismos, sin ayuda adulta, dietas que aunque no eran estrictamente equilibradas día a día, lo eran perfectamente en un periodo más extenso de tiempo. Cualquier niño puede tener por temporadas más inclinación por el pan, para luego apasionarse por la carne, luego querer comer casi todo el día fruta un día o dos, sin por ello sufrir ningún tipo de daño.

Alienta la independencia del niño en todas las áreas y especialmente en las comidas:

Presenta la comida en una forma  que sea fácil de manejar por el niño y no lo ayudes a menos que te lo pida. Si lo hiciera, no le introduzcas la comida dentro de la boca, en cambio llena la cuchara con la comida y deja que la sostenga con su mano y sea él quien la introduzca en su boca. Hazle sentir siempre que el comer es algo activo que hace porque “desea” la comida, en lugar de que la comida sea algo que acepta pasivamente de tí.

Deja que el niño coma a su manera:

Lo ideal es que sienta que obtener la comida que desea es lo importante, si le resulta más fácil usar las manos permítele que lo haga.

Permite que la comida termine cuando el niño sienta que ha comido suficiente:

Si has aceptado que la decisión de qué comer y de qué forma de hacerlo pertenece al niño, puedes comprender que lo mismo sucede con la decisión de no seguir comiendo o de no querer comer. Evita intervenir a último momento dándole unas cucharadas más para terminar el plato.

Intenta que las comidas resulten momentos agradables:

Permanecer sentado en una silla no es la ocupación favorita del niño y todavía le resulta difícil participar de una conversación familiar que no esté dirigida especialmente hacia él o sus intereses. Si quieres que comparta la comida con el resto de la familia, permítele comer lo que desee y luego irse a jugar. Si no te sientes capaz de permitirle irse de la mesa antes de que los demás hayan terminado de comer es preferible que coma aparte. Alrededor de los 3 años estará encantado de reunirse con la familia a comer y será capaz de comportarse para merecer ese honor. Muchas familias encuentran que una combinación de los 2 métodos, funciona mejor.

No dediques un esfuerzo excesivo a la preparación de la comida:

Por supuesto que es importante ofrecerle una buena dieta equilibrada, pero cuanto más dinero, tiempo y esfuerzo te tomes para comprar y preparar una comida atractiva y deliciosa para el niño, más molesta te sentirás cuando no parezca apreciarla. Hacer que las comidas del niño sean simples ayuda a mantener baja la temperatura emocional también.

No uses la comida como premio, castigo, soborno o amenaza:

Es importantísimo mantener el tema de la comida totalmente separado del tema de la disciplina. Si el niño tiene  hambre deberá comer todo lo que quiera, si no tiene hambre no debe comer. La comida no debe ser una obligación, no debe ser ofrecida como recompensa o prohibida como castigo. Si se le da helado debe ser porque era el postre que estaba en el menú del día, no porque ha sido un buen chico. Si no puede comer helado debe ser porque no está en el menú del día, no por haberse portado mal.

De 2 años y medio a cinco años

Los niños en edad preescolar que no tengan confundidos en su mente la comida con el amor o la disciplina, no tendrán mayores problemas, con el enorme gasto de energía en la vida diaria comerán lo que necesiten. Si se les ofrece la comida suficiente el niño obtendrá las calorías que necesita, el hambre se ocupará de esto. Si la comida que se le ofrece es adecuada en proteínas, vitaminas y minerales, el niño también podrá seleccionar una dieta correctamente equilibrada que cubra sus necesidades.

Muchos niños en estas edades son etiquetados como si tuvieran problemas con las comidas, cuando en realidad sólo están tratando de ejercer los mismos derechos que damos por supuestos para los adultos en lo referente a gustos particulares y a apetito. En nuestra sociedad “bien alimentada” la mayoría de nosotros preferimos quedarnos con hambre antes de comer algo que nos disgusta. Sin embargo, como somos adultos, raramente tenemos que enfrentar este tipo de situación ya que compramos y preparamos lo que nos gusta. Solo los niños pequeños tienen que enfrentarse con comida preparada por otra persona y se espera de ellos que “coman lo que se les sirve”. En general si los gustos del niño son similares a los del adulto serán aceptados sin cuestionamiento, en cambio, cuando sean diferentes se lo puede considerar “problemático”.

Teniendo en cuenta el punto de vista del niño:

  1. No es sensato servirle una comida o un plato que sabemos que le disgusta y luego irritarnos cuando no lo quiere comer. Asegúrate de que le estás sirviendo algo que come normalmente, aunque esto signifique sustituir el plato principal de la familia por un huevo o por un trozo de queso.
  2. Recuerda que no vas a ayudarle a que le guste una determinada comida por forzarlo a comerla. Muchos adultos todavía no soportan en la actualidad comidas que  fueron forzados a comer.
  3. No es razonable insistir en que el niño coma toda la comida que tú le has puesto en el plato. Permítele decir cuánto quiere o servirse él mismo, podrá servirse más luego si lo desea.
  4. No es razonable insistir en que el niño debe comer cuando dice que no tiene apetito, puede estar enfermo o no tener deseos de comer por diversas razones. Tiene derecho a no comer igual que tú lo tienes.

Siguiendo estas pautas sencillas la comida será una actividad placentera para el niño.

Marta Gavito del Campo

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Marta Gavito del Campo Psicóloga Clínica
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